Toda la verdad sobre las Zonas de Bajas Emisiones en España: esto puedes hacer con cada Etiqueta de la DGT

Zonas de Bajas Emisiones en España
Zonas de Bajas Emisiones en España

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) están repartidas por toda la geografía española, pero las normas cambian en cada una.

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) se han convertido en un elemento ya integrado en la movilidad en España. Impulsadas por la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, obligan a los municipios de más de 50.000 habitantes (y a aquellos de más de 20.000 con problemas de calidad del aire) a establecer áreas donde se restringe el acceso a los vehículos más contaminantes. La vara de medir que se ha utilizado para ello son las etiquetas de la DGT, pero, ¿qué limitaciones hay con cada una de ellas?

Lo cierto es que aunque las ZBE se anunciaron hace mucho y, al menos en teoría, llevan tres años siendo obligatorias, su aplicación práctica ha generado dudas, muchos ayuntamientos han retrasado su implantación y, como cada uno puede imponer las restricciones que considere, no hay una normativa general que se aplique en todo el país, lo que ha generado cierta sensación de complejidad.  

Esto es un problema, porque entender cómo funcionan y saber qué permiten hacer según cada distintivo ambiental es fundamental para evitar sanciones, pero no existe una guía estandarizada.

El sistema gira en torno a las etiquetas ambientales de la Dirección General de Tráfico (DGT), que clasifican los vehículos en función de su nivel de emisiones. Estas etiquetas (CERO, ECO, C y B) determinan el grado de acceso, circulación y estacionamiento en las ZBE. Aunque no hay una normativa única, lo que sí hay que tener claro es que, como regla general, todas ellas penalizan a los vehículos más contaminantes y van abriendo la mano cuanto más limpios son.

En la parte más favorable se sitúan los vehículos con etiqueta CERO. Aquí se incluyen los eléctricos puros, los híbridos enchufables con una autonomía eléctrica superior a los 40 km y los vehículos de hidrógeno.

En la práctica, estos modelos disfrutan de libertad casi total en todas las ZBE de España. Pueden acceder, circular y estacionar sin restricciones en todas las ciudades, además de beneficiarse en muchos casos de ventajas adicionales como descuentos en aparcamiento regulado o acceso a carriles reservados.

Un escalón por debajo se encuentran los vehículos con etiqueta ECO. Este grupo incluye híbridos no enchufables, híbridos enchufables con menor autonomía eléctrica y vehículos propulsados por gas (GLP o GNC).

Aunque no cuentan con los mismos privilegios que los CERO, su situación sigue siendo bastante favorable. En general, pueden acceder a las ZBE y circular sin limitaciones, aunque en algunos casos pueden existir restricciones puntuales en episodios de alta contaminación o condiciones específicas para estacionar.

Las etiquetas C y B representan el grueso del parque automovilístico español y, por tanto, son el grupo que más puede verse afectado por la presencia de ZBE. Sin embargo, por el momento siguen saliendo bastante bien parados.

Los vehículos con etiqueta C (gasolina matriculados a partir de 2006 y diésel desde 2014) suelen poder acceder a muchas Zonas de Bajas Emisiones sin problema, a no ser que haya episodios de alta contaminación.  

En una situación más delicada están los vehículos con etiqueta B, que corresponden a gasolina matriculados desde el año 2000 y diésel desde 2006. Aunque todavía pueden circular en muchas ZBE, su acceso está cada vez más limitado, especialmente en zonas céntricas o en horarios concretos.

Algunas ciudades ya han anunciado planes para restringir su entrada de forma más severa en los próximos años, lo que convierte a esta categoría en una de las más vulnerables a medio plazo. Un caso claro y reciente es del Barcelona, que ya ha anunciado que a partir de 2028 estos vehículos tendrán prohibido circular por sus calles.

Señal de la zona de bajas emisiones de la Cartuja en Sevilla
Señal de la zona de bajas emisiones de la Cartuja en SevillaEuropa Press

Las restricciones a los etiqueta B son algo más comunes y en algunos ayuntamientos, aunque se deja circular a los locales con este distintivo medioambiental, si que se limita el acceso a los que lo luzcan, pero que no estén empadronados en la localidad.

Por último, los vehículos sin etiqueta, que son los más antiguos y contaminantes, son los que enfrentan las mayores restricciones. Por norma general, en la mayoría de ZBE no pueden acceder ni circular, salvo excepciones muy concretas como residentes empadronados o vehículos históricos.

Este grupo es el principal objetivo de las políticas de reducción de emisiones y el que se quiere eliminar de las zonas más céntricas de las ciudades.

Normas específicas dentro de las Zonas de Bajas Emisiones generales

A pesar de esta normativa general, más o menos estandarizada, cada ciudad aplica sus propias normas. De hecho, dentro de una misma ciudad puede haber zonas de bajas emisiones de distinta naturaleza.

El ejemplo más claro es el de Madrid, que cuenta con ZBE de Especial Protección, que son más restrictivas que las demás. La de Distrito Centro solo permite el paso a vehículos con etiqueta CERO o ECO, mientras que los etiqueta C y B solo pueden entrar si van a estacionar dentro, ya sea en un parking público o privado.

En Barcelona siguen una fórmula distinta, ya que la ZBE Rondas abarca una zona muy amplia con limitaciones para vehículos sin etiqueta en días laborables, pero es más permisiva durante los fines de semana. Otras ciudades como Valencia, Sevilla o Bilbao están implementando sus propios sistemas, con diferencias en horarios, excepciones y fases de aplicación.

Para hacer que la situación sea todavía más compleja, existen excepciones que pueden modificar el acceso a las ZBE. Los residentes suelen contar con permisos especiales y determinados colectivos (personas con movilidad reducida, servicios de emergencia o vehículos comerciales en determinadas franjas horarias) pueden beneficiarse de condiciones específicas.

Y, para rizar todavía más el rizo, es habitual que se establezcan moratorias o periodos de aviso antes de comenzar a sancionar, cuando no directamente se da marcha atrás a una normativa anunciada, como ha sido el caso de Madrid.

Tras anunciar que los coches sin etiqueta estarían prohibidos en la capital, se concedieron dos prórrogas de sendos años. Durante ese tiempo muchos madrileños vendieron sus coches para reemplazarlos por otros con etiqueta y, hace poco más de un mes, el ayuntamiento dio marcha atrás para anunciar que sí que podrían seguir circulando de manera indefinida.

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